Bloqueo de las funciones de la placa

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En nuestros electrodomésticos aparecen constantemente pequeñas grandes evoluciones de marcas pioneras que acaban convirtiéndonse en un referente de seguridad. El bloqueo de las funciones de las placas vitrocerámicas son ese pequeño gran detalle que la electrónica posibilita para evitar quemaduras o cualquier otro tipo de accidente derivado de un encendido inoportuno. Un avance tremendamente importante hacia ese ideal de seguridad en la cocina.

Seguridad ante niños en la cocina

Los pequeños son los más propensos a sufrir pequeños percances, o accidentes de mayor relevancia, al contacto con las placas vitrocerámicas. Su apariencia lisa y brillante le confieren un aspecto inofensivo, seguro. Y ese brillo negruzco puede hasta convertirse en un irresistible reclamo para todo niño curiosos.

Los accidentes de niños con vitrocerámicas ocurren primer lugar por inconsciencia. Es normal que nuestros hijos, sobrinos y demás niños que pueden rondar nuestra cocina con mayor o menor asiduidad, no sepan interpretar las indicaciones de los pilotos de encendido de una placa. Y si lo saben, en ocasiones asumen el riesgo de la prueba que acaba en el quemazo final. Si durante el cocinado, ya de por sí tenemos los riesgos propios de vertidos que puedan quemarnos o quemar a nuestros pequeños, este riesgo propio de la placa termina por convertir la zona de cocinado en un espacio de alto riesgo.

Además de la inconsciencia, la altura de los niños es otro de los elementos de riesgo. Aunque puedan entender que un piloto rojo significa ¡ojo, encendido!, si no pueden alcanzar a verlo, sus curiosas manos pueden atreverse a posarse en la superficie.

Con las placas vitrocerámicas de inducción, parte del riesgo desaparece. Una placa de inducción solo transmite calor a un elemento de acero. Y si bien su calor residual una vez retirada la sartén o la olla, permanece durante unos minutos, siempre es un tiempo menor que el de una placa convencional de resistencias.

La cuestión es que no podemos tener controlados continuamente a nuestros hijos. Durante nuestras labores en la cocina no hay problema, estamos ahí para apartarlos del riesgo. Pero si estamos en otra estancia de la casa, ellos, nuestros pequeños, sin capaces de encender la placa y procurarse un buen quemazo en cuestión de segundos.

Los bloqueos de seguridad de las placas se convierten en grandes protectores de este tipo de percances. Su icono suele ir acompañado de la imagen de una palma de mano abierta o de una llave. La funcion de bloqueo se activa al pulsar durante unos 4 o 5 segundos el icono correspondiente. Algunas marcas ofrecen el bloqueo programado tras cada cocinado. De esta forma sabemos que, cuando acabamos de cocinar, al apagar el último módulo que estamos usando, automáticamente habremos bloqueado su funcionamiento, hasta que pulsemos de nuevo esos 5 segundos el icono oportuno.

Para nuestra seguridad como adultos, también algunas marcas ofrecen bloqueos temporales de la placa vitrocerámica, para proceder a un limpiado puntual de una zona, por ejemplo. Con este bloqueo, y después de una señal acústica, se activa un bloqueo de 30 segundos de media, tras el cual todas las zonas de calor retoman su función en el punto inmediato anterior al bloqueo.

Evitando accidentes “tontos” en el hogar

Todo somos propensos a sufrir un accidente en el hogar en su vertiente más “tonta”. Las omisiones y olvidos, los despistes y las prisas son esos condicionantes que, por si solos o de manera conjunta intervienen en la cadena hacia el accidente.

De poco sirve disponer de una estupenda placa vitrocerámica de inducción con sistema de bloqueo si no hemos aprendido a usarlo (sería el colmo, dada su sencillez) o si descuidamos el uso de la placa teniendo niños cerca.

Al final los accidentes pasan, sin más. No es positivo buscar culpables porque todos podemos olvidar algún detalle mientras cocinamos a toda prisa. Pero también es verdad que las buenas costumbres, una vez interiorizadas, son remedios infalibles contra accidentes.

En el caso del cocinado en nuestras placas vitrocerámicas, sabemos perfectamente que las asas de ollas y sartenes siempre deberían estar orientadas hacia el interior. Un asa sobresaliente, a la vista de un niño se convierte en un tentador asidero del que tirar. Los vertidos de un cocinado sobre nuestra piel, o sobre la cara de un niño (por la altura de estos peques sería lo más habiutal) pueden producir quemaduras importantísimas, de alta gravedad. Un pequeño gesto, una gran costumbre hacia la más básica seguridad de todos.

 


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