Cocina sin humos

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Tu campana extractora se encarga de que no se produzcan indeseables efectos colaterales durante el cocinado. No encontrarás electrodoméstico que de mejor y más directa manera se ufane en preservar el ambiente de un espacio tan expuesto a humos y emanaciones como es la cocina. Por todo ello, dale a la campana extractora la importancia que se merece, incluyendo su esmerado cuidado.

Limpiar los filtros de Campana

En esta entrada ya te hablé sobre el mejor proceder a la hora de revisar y mantener correctamente una campana extractora, incluyendo los fundamentales filtros. Porque empleamos nuestro tiempo a la hora de decidir qué campana se ajusta más al diseño de nuestra cocina, tratando de que la superficie de absorción cubra la dimensión completa de la placa. Después buscamos el motor más potente de 800m3/h para no tener que convivir con olor alguno durante y después del cocinado. Por supuesto sin que supere un umbral medio entre los 50 0 60 decibelios.

Y todo eso está muy bien, pero a la postre la intervención de la campana en el mantenimiento de un ambiente ideal no es una labor completamente autónoma. Incluso la mejor campana extractora precisa de nuestra ayuda para aprovechar toda su potencialidad a un óptimo nivel.

Por eso creo que no está de más volver a hacer hincapié en la suma importancia de la limpieza de la campana, sobre todo de sus filtros. Componentes estos que, al no estar a la vista parece que olvidamos con demasiada frecuencia. Ya puedes comprarte la mejor campana del mercado, con una potencia que ya quisiera un prototipo de fórmula 1, el caso es que si no te ocupas de que los filtros funcionen con sus rejillas a pleno rendimiento, no conseguirás nada, o tal vez sí, empeorar el ambiente de tu cocina con olores de los residuos almacenados en los filtros.

En el peor de los casos, además, una llamarada en una cocina de butano, o un salpicado de aceite hirviendo puede acabar prendiendo entre estos restos abandonados en los filtros. Mucho ojito, por higiene y por seguridad, tenlos siempre en mente.

filtro-de-campana-extractoraAntaño, se asumía la limpieza de los filtros de manera más habitual, cuando no había lavavajillas en casa se sacaban los filtros tras cada cocinado y se fregaban como parte de la vajilla. Con la llegada del lavavajillas, no somos pocos los que ya espaciamos más la actuación sobre estos componentes de las campanas extractoras. Su composición ligera de aluminio nos hace sospechar que una vez dentro del lavavajillas, tal vez pudieran deformarse, o no limpiarse del todo bien. Y estamos en lo cierto, no lo dudes.

Así que lo que ya consideramos como una labor ajena despues de comer, como es el fregote a cargo del lavavajillas, nos hace pensar en el limpiado de los filtros como algo tedioso y extraordinario. Tal vez sólo sea cuestión de un pequeño cambio de mentalidad. Podemos pensar que, mientras el lavavajillas se encarga de todo lo demás, tampoco cuesta tanto ponerse los guantes y darle un buen repaso con agua caliente a los filtros. Tampoco es cuestión de hacerlo tras cada cocinado, pero una vez al mes sí que es una periodicidad recomendable. Recordando además lo antes dicho, que preservamos nuestra higiene alimentaria y la seguridad de un potencial accidente.

Con el agua bien caliente, los guantes y un poco de detergente, bastará para que el efecto limpiador retire de la fina mallla metálica cualquier resto. Dándole un buen repaso que por supuesto agradecerá la ligera aleación, prolongando sin duda su vida útil.

La vitro también se mancha

El abandono en la limpieza de la campana en general, y de los filtros en particular, para más inri además, también tiene efectos sobre nuestras placas vitrocerámicas. Es triste que sea el efecto goteo lo que nos recuerde que llevamos meses sin darle un pasadita a la campana.

Y anda que no es desagradable encontrar la placa con esas gotas de aceite que huelen como salidas del infierno (llamar aceite a esa mezcla es demasiado considerado). Si seguimos así, todo lo que pase en nuestra cocina a partir de entonces desmerecerá por olores, adherencias imposibles de retirar (más aún en casos de vitrocerámicas de resistencia eléctrica, que calientan y aferran todo lo que pasa por su superficie).

Es probable que, una vez descubierto el goteo, la suciedad o lo que sea que haya caído desde la campana a la placa, no procedas a cocinar de inmediato una vez más, porque en tal caso, al abrir una olla para comprobar como va el guiso, puede caer una de esas gotitas dentro del preparado…., imáginate qué repulsión.

La cuestión es que la placa vitrocerámica, sometida al capricho de la campana, con sus desprendimientos de mil y una sustancias desagradables, sufrirá no ya un deterioro directo, pero sí el padecimiento de una suciedad que puede aferrarse a ella durante horas y horas. Y es que así como procedemos a limpiar la vitro en cuanto desaparece el calor residual (ya sabrás que no es lo mismo para las de resistencia eléctrica que para las superrápidas de inducción), la caída de la suciedad se puede producir contínuamente a horas en las que no usamos la cocina, aferrándose a la placa como lava al suelo.


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