Códigos de avería en los electrodomésticos, identifícalos.

Tus electrodomésticos tratan de comunicarse contigo. Es lo bueno de la tecnología a nuestro servicio; si hay un error en el drenaje del agua salta el aviso correspondiente, lo mismo si un conducto está obstruido… tan solo tienes que buscar el libro de instrucciones e interpretar ese mensaje codificado. Ya sea porque te veas capaz de repararlo tu mismo, o de cara a solicitar una asistencia técnica, no sabes lo que facilita el arreglo el hecho de tener ese primer diagnóstico con total certidumbre.

 

El manual de instrucciones del electrodoméstico, tu mejor aliado

Mi truco es no dejar el librito muy lejos de su aparato correspondiente. Digamos que ambos cohabitan en la mínima distancia posible. Cuando vas de viaje a un país con otro idioma, siempre llevas un traductor o una guía ¿no? Pues en el mundo de los electrodomésticos, te puedes entender perfectamente con ellos si dispones de su libro de instrucciones.

Además de hacer inteligible el código de la incidencia, en tu libro te aparecerán posibles intervenciones primarias para la subsanación del error (en ocasiones tan solo se trata de una interpretación errónea de las diversas funciones que se nos ofrecen), o si vas a precisar a un técnico cualificado de la casa.

Mi recomendación es que te atrevas con los fallos estrictamente mecánicos, sin modificar la estructura de tu electrodoméstico ni manipular incorrectamente cualquier elemento y que para fallos más dependientes de la tecnología, no dudes en llamar al soporte que te indicará tu libro. Tal vez solo se trate de una incorrecta interpretación de las funciones, algo que pasa con mucha asiduidad. Queremos que los aparatos funcionen sí o sí a la de ya y nos obcecamos en no seleccionar la opción correcta.

Dónde acudir para saber qué puedes hacer

Todos tenemos en Internet ese primer punto de referencia, el lugar donde vamos a vaciar nuestras ansias de conocimiento a la hora de realizar una reparación. Hay foros, blogs (pretendo ser el caso) y otros espacios donde la información es fiable y fundamentada. No obstante deberás huir de las soluciones estrafalarias que algunos ofrecen. Si la solución dada por un desconocido en un foro te suena peregrina, seguramente lo sea, abandónala. Puede que acabes por romper tu electrodoméstico.

Sea como fuere, tras esta primera tentación de solución inmediata, te recomiendo siempre que contrastes con la información dada en tu libro de instrucciones, si nada de lo visto en Internet se acerca a lo recomendado por el fabricante, debes estar muy seguro de lo que haces.

También dispones en Internet de multitud de páginas oficiales de servicios técnicos que se convierten en lugares de referencia, donde explican y aclaran dudas de primer nivel sobre los mensajes tipo de cada marca, ofreciendo asimismo posibles intervenciones sencillas como usuario.

El hecho de que el mensaje F23 en tu lavadora, por ejemplo, suponga “inundación en la bandeja” te permite sacar tu lado manitas para comprobar qué es lo que hace que la bandeja no desagüe correctamente, eliminada la obstrucción, el fallo desparecerá y comprobarás satisfecho que el mensaje dado, más la información, ya sea de tu libro de instrucciones o de puntos de referencia en Internet correctos, te ha convertido en reparador de tus propias incidencias.

Como esta hay muchas otras que puedes solucionar con una revisión sencilla de los puntos afectados.

Lo dicho, ¡información adecuada y a solucionar el problema!

Una vez que te ocurra, y te animes con tu primera intervención, sentirás esa autosuficiencia tan gratificante. No sabes cómo les fascina a todos esos profanos que siguen negándose por principios a leerse el manual de instrucciones ver a un amigo dirigirse a uno de esos elementos tan extraños para ellos y ponerlo en funcionamiento de nuevo con el mínimo esfuerzo.

En una ocasión recuerdo que mi mujer se quejaba de que la lavadora no funcionaba, la miraba como lo haría una aborigen de una tribu perdida que descubre un teléfono móvil. Me acerqué, vi el icono del candado reflejado en la pantallita led, lo desactivé y regresé al salón, sintiendo la mirada de mi mujer clavada sobre mis hombros mientras exclamaba desconcertada: ¡bunga, bunga! (Está bien, esto último fue solo imaginación mía).

 

 


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