El motor de la lavadora, el alma de la fiesta

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Al igual que el motor de tu coche, el motor de la lavadora debe ser cuidado y mantenido con mimo y buenos tientos si queremos que todo funcione correctamente durante más tiempo. Cualquier avería de tu lavadora que afecte a este potente generador de fuerza centrífuga puede resultar letal. Y por potente que sea el motor, no significa que no pueda verse afectado por diversos prblemas.

Razones más comunes de avería

Cuando aparecen los síntomas de que tu lavadora quiere y no puede sacar adelante sus labores habituales, debes considerar inmediatamente que algo en su corazón puede estar fallando mal. Porque no es lo mismo una fuga de agua avisada por el piloto correspondiente, que ni tan siquiera arranque cuando se lo solicitas o que lo haga a duras penas.

De hecho, en cuanto a una posible afección del motor, no es lo mismo que a causa del problema efectúe una labor de manera ralentizada y sin conseguir su misión por completo, a que ni tan siquiera arranque. Sin duda el segundo caso puede significar la defunción oficial del electrodoméstico (para no asumir la fatalidad tan inmediatamente, asegúrate de que esté enchufada y comprueba en el libro de instrucciones cualquier detalle que pudiera estar provocando ese fallo de arranque).

Las razones más frecuentes en un fallo motor de lavadora se vinculan siempre con el uso. Más allá de la necesidad de un tiempo de garantía que asegure que hemos comprado una buena máquina, y de posibles defectos de fábrica que siempre pueden exisitir, el tipo de uso marca la vida útil de la lavadora.

A efectos estrictamente mecánicos, un motor de lavadora puede averiarse por tres motivos:

  1. Sobreesfuerzo: Si una lavadora indica que su carga máxima es de 6 u 8 kilos, y lo que es más evidente, si para meter la colada que pretendes lavar tienes que empujar hasta conseguir que quepa, estás condenando al motor a un sobreesfuerzo. Para alcanzar las revoluciones tendrá que desarrollar una potencia de la que tal vez no pueda disponer. Error fatal.
  2. Sobre-revolución: Tu prenda favorita no puede lavarse con el resto de la colada, le tienes tanto aprecio, y tanto miedo a que se decolore o tinte de otro color que la metes solita. Eso sí, en el ciclo más largo para que salga hecha un pincel. Así lo que consigues es que tu motor se descontrole. Sin peso en su interior y durante un amplio periodo de tiempo que dura el ciclo largo elegido, el motor tiene que esforzarse para controlar esa potencia desatada de las revoluciones. Error.
  3. Conservación: No tienes tiempo para mirar la lavadora. ¿Para qué vas a entretenerte en mirarla si no sabes nada de ella? Es una desconocida sirvienta que se ocupa de escupir ropa limpia. Anda, hazte un favor, revisa su libro de instrucciones y periódicamente revisa sus tubos, desagües y depósitos, que no cuesta nada.

En el apartado siguiente veremos cómo los tipos de usos se traducen en estas razones básicas de cada problema y consecuente fallo o rotura.

Uso defectuoso

El origen, el desencadenante de un fallo en el motor de la lavadora proviene en un alto porcentaje de ocasiones del mal uso de la misma. Así que es fundamental no abusar de su labor o descuidarla por completo. Te paso a relacionar los malos usos, abusos y descuidos que participan directamente en los fallos de los motores de la mayoría de lavadoras que acaban dejando de funcionar por su motor:

  • Tipos de cargas: El motor sufre tanto si el tambor está lleno como si está vacío. En el primer caso lo estamos forzando con un peso por encima de sus posibilidades (no te digo nada lo que sufrirá durante el centrifugado), y podemos llegar, incluso, a quemarlo. Pero también las cargas muy bajas de ropa provocan que la fuerza centrífuga se genere de manera más descontrolada, forzando al engranaje del motor. (O sea que poca ropa sólo para ciclos muy cortos como el de 15 minutos)
  • Cargas inadecuadas: Es tan tentadora la idea de meter zapatillas, cinturones o cualesquiera otros complementos de diversos materiales que puedan desprenderse fácilmente de partes como arandelas, hebillas. No te la juegues. Con los zapatos, cinturones y demás toca tirar de trapo y de detergente a mano.
  • Carencia de mantenimiento: Como decía en la entradilla, te preocupas mucho del coche, normal, tu seguridad va en ello. ¿Por qué no ocuparte del mínimo mantenimiento de tu lavadora? No te llevará tanto comprobar que los tubos o depósitos se encuentren en buen estado, sin acumulaciones ni residuos que puedan terminar por afectar al motor.

El problema añadido que presenta un fallo sistémico del motor es que no suele ser posible su reparación o recambio, así que tocará comprar lavadora nueva. Sinceramente, está bien cambiar de electrodomésticos e ir aprovechando las nuevas funcionalidades, pero mejor que sea decisión propia y no forzado por una avería que se convierte en un incordio repentino y en un gasto imprevisto.

Cualquier otro problema de una lavadora puede tener solución, incluso revisándola a nivel casero. Pero ese engranaje interno…., a ver quién es el guapo que lo toca. Por lo que te trae, ¡cuida el motor de tu lavadora dándole un uso correcto!

Suele ocurrir que, una vez que nuestra lavadora pasa a mejor vida, como digo en muchos casos porque la tenemos abandonada, apelamos a la tan manida obsolescencia programada. No nos acordamos del vecino que nos cuenta que llevaba 20 años con ella y la cambió de aburrimiento, en nuestro caso todo ha sido causado por ese plan maléfico de los fabricantes. No quiero decir que en ocasiones no se fabrique con materiales de no demasiada calidad, pero en marcas solventes los motores duran no con idea de x lavados sino con idea optimizar materiales para que desempeñen su labor bajo las condiciones idóneas de uso. De ahí, todo lo demás corre de tu cuenta.


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