Lavavajillas con toma de agua caliente directa ¿Son eficientes?

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Los lavavajillas con toma de agua caliente llegaron para multiplicar exponencialmente su eficiencia. La idea no está nada mal para un electrodoméstico cuya prolongada labor y su uso habitual afecta al consumo eléctrico. No es un sistema absolutamente novedosos, pero siempre se intenta mejorar Veamos qué de nuevo y de bueno o malo aporta este sistema…

Diferencias de temperatura entre el lavavajillas y la toma de agua directa

Antes de nada, aclarar que la opción de introducir agua fría o caliente de nuestra red doméstica para lanzar los programas de lavado (tanto en lavadora como en lavavajillas), se aplica a los electrodomésticos con el concepto de bi-térmicos. O sea que si podemos elegir agua caliente o fría de entrada para lavar los platos, será porque disponemos de un lavavajillas bi-térmico, ya sea porque dispone de dos tomas diferenciadas o porque dispone de una que permite la entrada de agua caliente (normalmente con limitación a 60º).

En principio la idea sonó a genialidad (ya lleva años entre nosotros), con la entrada de agua calentada de manera más eficiente (placas solares o incluso gas calientan con menos coste que la propia electricidad), se planteaba un nuevo paradigma en cuanto a la eficiencia más real.

Hoy en día, algunos años después, podrás ver que casi ninguna marca importante lanza el término «electrodoméstico bi-térmico» a los cuatro vientos. Han ido comprobando que el sistema, aún suponiendo ahorro, tiene sus contras, sobre todo en cuanto al contraste térmico tan repentino. Las marcas comprobaron:

  • Posibles daños a componentes: Lo cierto es que los lavavajillas no están completamente fabricados con acero inoxidable. El golpe de calor que supone recibir un agua ya a 60 o más grados centígrados puede provocar un deterioro anticipado de piezas y componentes de todo tipo.
  • Posibles daños a la vajilla: Ese mismo golpe de calor sobre los materiales de vidrio, porcelana u otros similares puede provocar deterioros acelerados, roturas y demás.

Con estos antecedentes, pocas marcas pueden apropiarse de la idea y hacer campaña con fe ciega. Supongo que les encantaría poder ofertar un sistema tan ventajoso para el recibo eléctrico mensual como es éste, pero la seguridad y durabilidad prima siempre. Aunque también es verdad que en otros países nos llevan ventaja en este asunto, priorizando con más ahínco, el ahorro económico y ecológico.

De cualquier forma el invento es atractivo, y quien más quien menos, varias marcas sí van disponiendo de tomas para adaptar los dos tubitos respectivos para cada tipo de agua. En el cometido de calentar agua, la electricidad, en el caso más optimista por tarifa y tramo horario, siempre será al menos un 20% más cara que el gas, e infinitamente más cara que la energía solar, energía esta última en la que, siendo tan monstruoso el ahorro sí que se están dando avances tecnológicos por algunas marcas para hacerlo técnicamente sostenible.

Yo creo que para que el sistema fuera perfecto, haría falta que ese agua caliente que llega de tu casa al lavavajillas, (ya sea por el segudo tubo o en el general que admite agua caliente), pudiera tener un regulador con una temperatura máxima de entrada inmediata, unos 45º, y  que facilitara el posterior recalentado eléctrico paulatino con menor coste. O que los fabricantes diseñaran un compensador de rápida actuación que equilibrara con agua fría ipso facto. Hasta entonces, considerémoslo una opción barata, eficiente en lo concerniente a costos de trabajo, pero con riesgos.

Pérdidas en la cocina

Como digo, no es lo mismo que la electricidad sea la encargada de calentar el agua una vez dentro del lavavajillas a que venga ya caliente, pero no sólo a nivel de posibles afectaciones mecánicas o de resultados. También hay riesgos de fugas de agua por los conductos.

Toda esa agua circulando a temperatura de volcán precisaría de conductos rígidos y resistentes como los que terminan en los grifos. Pero tu lavavajillas, para optimizar la circulación y su propio ajuste, requiere una cierta flexibilidad de los conductos, así que estos conductos, de materiales menos «duros» se ven dañados con mayor facilidad. Además, aún disponiendo de válvulas especiales para los bitérmicos, éstas pueden acabar por sucumbir a tanto y tanto calor.

Y no hablemos ya de la condensación de tanta agua caliente por tubos de acceso, juntas y demás. En fin, que las pérdidas de agua pueden ser más comunes en estos casos y puede que te toque revisar el circuito para evitar problemas mayores.


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