Peligros caseros para tu bebé

Partiendo de que la definición de bebé no aclara hasta que edad se considera a nuestros pequeños como pertenecientes a ese grupo, si tomamos como referencia el límite de los primeros pasos dados entre los 12 y los 18 meses, podemos considerar entonces que los accidentes de bebés en casa pueden ser fácilmente previsibles y debidamente acotados para alcanzar el nivel mínimo de riesgo.

Consejos para que no le pase nada

Que el bebé no ande no quiere decir que todavía no está sometido al imperio de los riesgos domésticos. Un bebé, con el apoyo que pueda encontrar, será capaz de encaramarse a cualquier sitio para saciar su curiosidad.

Pero no nos adelantemos a los acontecimientos, pues las tipologías de riesgo varían (o más bien se acumulan) conforme el peque va creciendo.

  • Primeros meses: Mientras nuestros niños permanecen en la cuna o tumbados sobre los típicos parques infantiles de bebés la posibilidad de golpes o caídas es claramente improbable. En estos casos los riesgos de accidentes se reducen a intoxicaciones o atragantamientos durante la alimentación. Supervisar en todo momento este proceso, así como el perfecto estado de los propios nutrientes (ya sean leches artificiales, primeras frutas verduras y carnes etc…) es fundamental.
  • Desde los seis meses hasta el año: Nuestro pequeñín ya va comiendo poco a poco de todo y aprovecha cualquier apoyo para erguirse. Que aún no camine no significa que no pueda asumir riesgos desconocidos para él. Ubicar su cuna lejos de la ventana puede evitar golpes con ésta si se queda abierta o se mueve con alguna corriente. La fijación de estanterías o cuadros también es muy importante porque en cuanto pueda, el peque se encaramára hacia esos puntos que destacan en la pared. Bloquea accesos a cajones con enseres peligrosos y lo mismo con enchufes. Asegura las esquinas. Jamás dejes a un pequeño solo sobre una superficie alta, ya sea cambiador o trona…
  • Primeros pasos: Aún considerando que nuestro bebé ya es todo un niño porque comienza a andar con cierta coordinación y soltura, precisamente por ello debemos tomar mayores precauciones. Además de todo lo indicado en el punto anterior, debemos pensar ya en esa idea emblemática de «mantener alejado de los niños», porque nuestro niño en ciernes se propondrá alcanzar todo lo que pueda y, con sus pequeñas manitas tratará de manipularlo todo. Las superficies antideslizantes hacen un gran papel y la cocina pasa a ser territorio de máximo riesgo para unos peques capaces de aferrarse al mango de una sartén, capaces de tocar un horno encendido o de manipular cualquier utensilio o bote que jamás debiera siquiera tocar…

Por cierto, algunos estudios establecen un porcentaje de accidentabilidad del 60% para varones y 40% para niñas. Así que si tienes a un pequeño campeón, ten en cuenta que será susceptible de mayores riesgos.

Siempre atentos a lo que ocurre

Ya habrá tiempo para relajarte (tan solo un poco) cuando el bebé sea un niño que camine de manera estable. Pero mientras el bebé sea ese pequeñín sin casi ninguna autonomía, deberemos prestar la máxima atención. Considerando que las horas de sueño de un bebé pueden alcanzar hasta las 16 horas diarias, ya tendrás tiempo para tomarte respiros…

Así que, mientras el bebé esté despierto te va a tocar ser su sombra.

De todos modos, no hay mal que por bien no venga. Si has empleado tiempo en informarte y has establecido tantas y tantas medidas de seguridad posibles (orden y limpieza en primer lugar, pero también sistemas de bloqueo, espacios antideslizantes, reorganización de espacios, reubicación de enseres…), habrás adelantado mucho en la tarea de crear un hogar seguro para tu bebé.

Aún así, como digo la atención es fundamental para anticiparnos a lo que pueda ocurrir. Realmente se trata de un instinto. Comentando con otros padres hemos descubierto la capacidad de disociar una conversación de adultos mientras nuestra visión otea el entorno de los peques. Todo es poco para no llevarnos un susto.

Tratar de concienciar a nuestros pequeños no siempre da los frutos deseados. Basta con que les hagamos ver, como buenamente podemos comunicarlo, que algo tiene un riesgo para que, cuando nos demos la vuelta, el pequeño se encuentre jugueteando en el foco de riesgo. Pero no por ello debemos dejar de intentarlo.

Si observamos nuestro hogar, siempre podemos descubrir lugares y situaciones en las que riesgos de cortes, asfixias, caídas, quemaduras ingestas de productos tóxicos, golpes. Y si observamos el comportamiento de nuestros pequeños podremos fácilmente asociar tendencias para intentar corregirlas o directamente eliminarlas. (Sí nuestro pequeño está empeñado con esa lámpara de pie o con la maceta de la planta habrá que ir pensando en retirarla hasta que se le pase). Cada hogar tiene diversos ejemplos parecidos al anterior y nuestra atención determinará donde está el riesgo.


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